Nuestra forma de comer modela el planeta

Desde los inicios de la agricultura, hace 10.000 años, la producción de alimentos es el factor de mayor impacto del ser humano en el planeta. En la actualidad, la producción de comida, su distribución y la gestión de sus residuos consumen más de un 30% de la energía que usamos y emite casi un 50% del total de gases de efecto invernadero que emitimos a la atmósfera.

Como ya te contamos aquí, las prácticas habituales de la agricultura y ganadería de arar, usar grandes cantidades de agroquímicos y sobrepastorear, están creando un enorme impacto negativo en nuestro entorno natural. El más importante de ellos, y quizás el que pasa más desapercibido, es la destrucción de suelo.

La importancia del suelo, ese gran olvidado

El suelo no es un simple sustrato o plataforma inerte sobre la que vivimos. El suelo es una comunidad vibrante de vida, increíblemente rica y diversa, un supraorganismo. Además, es la base de la vida terrestre. Un suelo sano es esencial para una cubierta vegetal sana y productiva, que a su vez es la base de la abundancia y salud de la vida animal. De hecho, ¿sabías que el 95% de nuestra comida viene del suelo?.

Además de nutrir a las plantas y animales de los que dependemos, el suelo es la principal reserva de agua de consumo humano y el segundo almacén de carbono más importante en el planeta tras los océanos. Por eso, al destruir suelo se libera todo el carbono que contenía almacenado en forma de materia orgánica, principalmente.

Este carbono liberado sale a la atmósfera en forma de gases de efecto invernadero, generando, junto a la quema de combustibles fósiles, un problema ambiental de magnitud global, el cambio climático. Se estima que a día de hoy ya se han emitido a la atmósfera dos tercios de todo el carbono almacenado en suelos agrícolas. Esto constituye, junto a la quema de combustibles fósiles, la mayor fuente de emisión de gases de efecto invernadero desde el inicio de la agricultura. 

«Debido a las prácticas agrícolas y ganaderas actuales se pierden 2.420 toneladas de suelo por segundo y se desertifican 1.370 hectáreas por hora. A este ritmo nos quedan 60 años para agotar todo el suelo cultivable del planeta.»

El carbono, de problema a solución

Tenemos entonces un problema gravísimo con el carbono acumulado en nuestra atmósfera en forma de CO2. Pero tenemos que entender que el problema no es el carbono per se. El carbono es el bloque fundamental de toda forma de vida en nuestro planeta. Nosotr@s mismos somos básicamente carbono (y agua).

Es el lugar donde está acumulado el carbono el que causa el problema, al crear el efecto invernadero en la atmósfera que está calentando nuestro planeta. ¿No es lógico pensar que la solución pasa por devolver ese carbono al suelo, al lugar donde estaba almacenado de forma estable en forma de materia orgánica?. Si te preguntas si ya existe la tecnología necesaria para conseguir esto la respuesta es sí. Tiene más de 1.000 millones de años de antigüedad y se llama FOTOSÍNTESIS.

Tod@s hemos estudiado que la fotosíntesis es un proceso por el que las plantas son capaces de usar CO2 atmosférico y energía solar para obtener azúcares, que no son otra cosa que compuestos ricos en carbono. Sin embargo, lo que no se suele enseñar es que las plantas exudan hasta un 40% de esos azúcares a través de sus raíces, favoreciendo el establecimiento de una rica comunidad micro y macrobiótica en el suelo.

Por lo tanto, podríamos decir que la planta «bombea» carbono del aire al suelo, donde queda almacenado de forma estable como materia orgánica y formando parte de una multitud de formas de vida.

Y si la solución al cambio climático está justo a nuestros pies

La única solución eficaz y sostenible al calentamiento del planeta pasa por ir a la raíz (nunca mejor dicho) del problema, por regenerar nuestro suelo. Así pasamos del carbono atmosférico, un problema, al carbono del suelo, una solución. 

¡Y aquí vienen las buenas noticias! Ya sabíamos que la regeneración de suelo de forma natural puede tardar muchos años. Pero recientemente hemos descubierto que una combinación de buenas prácticas agroecológicas resulta en una recuperación de suelo extraordinariamente rápida con un aumento de su contenido en materia orgánica. Este tipo de prácticas, reunidas en lo que se conoce como agricultura regenerativa, consisten principalmente en mantener la cobertura vegetal del suelo, no ararlo ni usar químicos, hacer rotaciones adecuadas de cultivos diversos y un manejo de los animales de pradera eficiente.

Regenerando suelo conseguimos aumentar su contenido en materia orgánica, que es la base de su fertilidad. Además, resulta que bajando todo ese exceso de carbono al suelo no solo mitigamos el cambio climático, sino que además:

  • Aumentamos su capacidad de retención y almacenamiento de agua. 1kg de materia orgánica es capaz de almacenar entre 4 y 12 litros de agua. ¡Un suelo rico en materia orgánica se transforma en una auténtica esponja !¿Puede haber mejor herramienta contra la desertificación?.
  • Devolvemos la salud y el valor nutritivo a nuestros alimentos. Pensemos que la única fuente posible de todos los nutrientes que requerimos para vivir y estar sanos viene del suelo (a excepción de los productos del mar). El modelo agrícola actual resulta en una pérdida enorme de los nutrientes que nuestros alimentos solían tener.

Numerosos estudios y datos reportados por el Ministerio de Agricultura del Reino Unido demuestran pérdidas significativas (entre un 10 y un 90%) en nutrientes como hierro, calcio, fósforo, potasio, riboflavinas o ác. ascórbico en los alimentos actuales comparados con esos mismos alimentos hace 50 años.

Granjea

¿Pero, es ecológico o no?…es ¡regenerativo!

El debate en la opinión pública de la producción alimentaria lleva años centrado entre dos opciones, la producción convencional y la ecológica. Sin embargo, este debate ha quedado desfasado por simplista y porque no va a la esencia del problema, que es la destrucción de suelo.

La pregunta que debemos hacernos frente a un alimento no es si es ecológico o no, sino si al producirlo se ha regenerado suelo o si se ha degradado. De hecho, se ha calculado que para producir 1 kg de alimentos de forma convencional se destruyen 6 kg de suelo, mientras que en el caso de la agricultura ecológica se destruyen 5 kg. Frente a esto nosotr@s proponemos la agroecología o agricultura regenerativa, donde cada kilo, cada gramo de alimento producido regenera suelo, no lo destruye.

Agricultura regenerativa: construyendo suelo

Necesitamos un nuevo modelo alimentario. Un nuevo sistema de producción de alimentos basado en métodos y prácticas que no degraden suelo sino que lo regeneren. En Granjea trabajamos en base a los principios de la agricultura regenerativa o agroecología, la permacultura y el manejo holístico.

¿Qué es la Agroecología?

Según la FAO la agroecología se basa en aplicar conceptos y principios ecológicos con el fin de optimizar las interacciones entre las plantas, los animales, los seres humanos y el medio ambiente, teniendo en cuenta, al mismo tiempo, los aspectos sociales que deben abordarse para lograr un sistema alimentario justo y sostenible.

La Permacultura (Agricultura Permanente)

Es, como la definió uno de sus creadores (Bill Mollison, 1988) el diseño consciente y mantenimiento de ecosistemas agrícolas productivos, los cuales tienen la diversidad, estabilidad y resistencia de los ecosistemas naturales. Es la integración armónica del paisaje y la gente produciendo comida, energía, cobijo y otras necesidades no materiales de una manera sostenible.

El Manejo Holístico

Es un sistema de planificación y gestión del pastoreo diseñado por Allan Savory donde se pueden integrar múltiples especies ganaderas y que se centra en mejorar la salud y fertilidad del suelo y de su cobertura vegetal. Desde un punto de vista más amplio también es un sistema de toma de decisiones para agricultor@s con un enfoque holístico medioambiental, económico y social.

Como puedes ver estos tres sistemas o principios guardan muchas cosas en común: imitar patrones y procesos naturales (biomímica), apostar por una producción sostenible y regenerativa en armonía con nuestro entorno natural y una visión integral u holística de la agricultura que incluye aspectos ambientales, sociales y económicos.

Si te preguntas si se puede alimentar al mundo así la respuesta es Polyface, la granja de Joel Salatin en Virginia, EEUU. En 60 hectáreas producen cada año 12 t de carne de vacuno, 24 t de cerdo, 12.000 pollos, 800 pavos, 500 conejos y 30.000 docenas de huevos, alimentando a 5.000 familias y surtiendo a 10 tiendas y 25 restaurantes locales. Y sin usar un solo saco de fertilizante sintético ni de pesticida, simplemente respetando los procesos, patrones y tiempos naturales. Por lo tanto, la respuesta a tu pregunta es que sí se puede…¡y se debe!

Granjea

Fuentes de información y lecturas recomendadas

Libros

  • El Dilema del Omnívoro, Michael Pollan, Debate.
  • La Dialéctica de la Agroecología, Carlos Pinheiro Machado y Carlos Pinheiro Machado-Filho, Hemisferio Sur.
  • Manejo Holístico, Allan Savory
  • Introducción a la Permacultura, Bill Mollison, Tagari.
  • Esto no es normal, Joel Salatin, Diente de León.
  • Los desiertos y la desertificación, Jaime Martínez Valderrama, Catarata.

Páginas web y noticias

*Esta sección no pretende ser un resumen exhaustivo y completo de todas las fuentes de información sobre el tema tratado.

Únete a la rebelión en la granja

Suscríbete para recibir noticias de nuestro proyecto

¡Ya casi estamos! De acuerdo a la normativa, necesitamos que confirmes tu suscripción en el email que te acabamos de enviar