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El movimiento es la clave

Siempre insistimos en la importancia de mover a los pollos en la pradera, de criar lo que llamamos pollos de pasto o pollos pastoreados. Este movimiento tiene dos beneficios fundamentales: uno es la mejora sustancial de la salud y calidad nutricional de los pollos, y otro es el impacto regenerativo de los pollos sobre el suelo y su cubierta vegetal.

La importancia del suelo

Antes de centrarnos en nuestros pollos y para que entendamos su impacto, tenemos que tener claro el papel o el rol del suelo en la vida.

La vida en este planeta se fundamenta en un ciclo de vida-muerte-descomposición-reciclaje/regeneración. Esta fase de descomposición y reciclaje es fundamental para poder volver a extraer los elementos esenciales y volver a ponerlos a disposición de la nueva ronda de vida. Pues esta fase de descomposición-reciclaje sucede en el suelo.

Aquí, cuando hablamos de suelo, nos referimos al suelo vivo, al suelo rico en materia orgánica, en el que vive, en su parte más superficial, una increiblemente rica y diversa comunidad de organismos micro y macroscópicos. Pensemos que en un puñado de suelo fértil hay tantos organismos como seres humanos en el planeta.

Por eso es absolutamente fundamental poner el énfasis y el cuidado en el suelo, en manterner nuestros suelos vivos, fértiles y productivos.

Nuestra comida viene del suelo

Podemos decir sin miedo a exagerar que el suelo y su comunidad de organismos son esenciales para la vida en este planeta. De hecho se estima que el 95% de nuestra comida viene y depende del suelo.

Sin embargo, las prácticas agrícolas convencionales destruyen suelo a una velocidad difícil de creer. La FAO estima que perdemos más de 2400 toneladas de suelo por segundo. En 60 años se estima que no nos quedará más suelo fértil en el planeta.

¿Por qué esto es tan importante? Pues no solo porque nos jugamos la base de nuestra alimentación y salud, sino porque todo ese suelo perdido se traduce en una oxidación masiva de la materia orgánica que los formaba. Esta materia orgánica es básicamente carbono. Entonces, ¿dónde ha ido a parar todo ese carbono?. Pues a la atmósfera. De hecho se estima que al menos un tercio del carbono que hemos emitido a la atmósfera y que nos ha creado el mayor de los problemas con el cambio climático viene de la pérdida de suelos agrícolas.

El efecto del pastoreo sobre el suelo

Un factor que puede potenciar de forma determinante la pérdida de suelo es un pastoreo o gestión inadecuada del ganado en el campo. Siempre insistimos que no solo se trata de sacar a los animales al campo, es necesario que los gestionemos de forma adecuada.

Pensemos primero en el papel que juegan las plantas en el suelo. Las plantas son la base sobre la que gira la vida en el suelo. Desde nuestra perspectiva animal nos cuesta entender y darnos cuenta de lo maravillosamente creativo y complejo que son las estrategias evolutivas que han desarrollado las plantas.

El increíble mundo vegetal que nos rodea

A diferencia de los animales, que se van moviendo en busca de fuentes de alimentación, las plantas no pueden desplazarse, por lo que han desarrollado estrategias muy diferentes.

Debido a que no pueden moverse, las plantas invierten mucha energía y esfuerzo en generar las condiciones favorables para su desarrollo a su alrededor, principalmente en la zona cercana a sus raíces, conocida como rizosfera.

Tod@s sabemos que las plantas son capaces de usar la luz del sol para formar moléculas ricas en carbono, los azúcares, a partir de agua y CO2, emitiendo el preciado O2. Pues bien, lo que no tanta gente sabe es que casi la mitad de los azúcares que produce la planta viajan hasta sus raíces y son exudados en la rizosfera.

¿Para qué liberaría la planta semejante cantidad de «alimento» en el suelo? Pues para nutrir a esa comunidad microbiana, bacteria, hongos, protozoos, etc., que a cambio desarrolla dos funciones esenciales para la ella: aportarle determinados nutrientes del suelo para que estén disponibles para la planta, y producir lo que se conocen como metabolitos secundarios (terpenos, fenoles y alcaloides, principalmente), que son elementos esenciales para la salud de la planta pues le yudan a repeler y evitar ataques de insectos, ácaros y hongos.

Por eso es fundamental el rol de las plantas en el equilibrio de CO2 y O2 de nuestro planeta, porque bombean de forma continua todos esos azúcares, todo ese carbono bajo tierra, transformando el carbono atmosférico, insistimos, nuestro mayor problema al estar en exceso, en carbono en el suelo, que solo nos aporta beneficios.

Este carbono en el suelo queda de forma estable en forma de raíces, encerrado en el cuerpo de infinidad de microorganismos y formando parte del humus, que es a su vez la matriz y el alimento de esta comunidad de vida del suelo.

Por lo tanto, cualquier actividad o gestión agrícola que hagamos que potencie la cubierta vegetal va a resultar en un mejor suelo, con más materia orgánica y por lo tanto fertilidad, productividad y capacidad de absorber agua.

Por eso es tan dañino un pastoreo inadecuado de las praderas que muchas veces deviene en un sobrepastoreo que empobrece, si no elimina la cubierta vegetal del suelo. La buena noticia es que hoy sabemos que con prácticas agrícolas regenerativas, como un pastoreo programado de los animales, podemos, no solo evitar seguir perdiendo suelo sino recuperarlo, regenerarlo, en plazos muy cortos.

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